Soy Yana Borgia, artista y modelo vivo. En este artículo exploro cómo es el trabajo de modelo artístico, cuáles son sus desafíos reales y qué implica sostener este oficio en la práctica
El trabajo de modelo vivo suele idealizarse desde afuera, pero en la práctica implica una serie de desafíos que afectan tanto lo profesional como lo personal. Estos son algunos de los más frecuentes:
Estigmatización y acoso:
A pesar de que la figura del modelo vivo ha ganado cierta aceptación, todavía persisten prejuicios y miradas recelosas hacia quienes posan desnudos. Esta estigmatización puede afectar tanto el bienestar emocional como el desarrollo profesional. Incluso dentro del ámbito artístico, algunas personas continúan sexualizando a los modelos o valorándolos únicamente por su aspecto físico, sin reconocer su desempeño.
Condiciones laborales:
En muchos casos, los modelos vivos trabajan en instituciones artísticas o espacios culturales, pero lo hacen en condiciones precarizadas. No suelen contar con derechos laborales básicos como sueldo fijo, obra social o aportes jubilatorios, lo que convierte al modelaje en una actividad inestable y poco protegida.
Falta de reconocimiento:
El modelo vivo rara vez es considerado un artista o creador dentro del circuito artístico. Su rol suele ser minimizado en comparación con otras disciplinas, lo que contribuye a su invisibilización y, en muchos casos, al anonimato dentro de las obras en las que participa.
Estos problemas son parte de una realidad estructural que atraviesa el trabajo de modelo vivo en distintos contextos. La clave para empezar a valorar este oficio más allá de los prejuicios es comprenderlos.

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