Ir al contenido principal

Cobrar y Pagar, las dos caras del trabajo artístico



 La incapacidad para cobrar y la resistencia a pagar no siempre son problemas distintos. A menudo forman parte del mismo círculo: una cultura que desvaloriza el trabajo creativo, dificulta su profesionalización y termina reproduciendo la precariedad que luego denuncia.

El artista que no puede cobrar y tampoco puede pagar es la versión contemporánea de la serpiente que se muerde la cola:

No valora suficientemente su propio trabajo.

Tampoco el de los demás.

No aprende a cobrar.

Evita asumir los costos reales de sus proyectos.

Y después se pregunta por qué la sociedad no valora el arte.

La contradicción resulta interesante: se indigna cuando un cliente pretende una sesión de fotos gratuita o cuando no consigue vender sus obras, pero le parece perfectamente razonable pedirle a una modelo que trabaje gratis.

Parece no advertir que está reproduciendo exactamente la misma lógica que denuncia.

Esta bomba se desactiva muy fácil: pagando.

No hace falta repetir que el arte es importante ni escribir manifiestos sobre su valor. 

Cuando organizo una Jam de dibujo, sé que existen dos costos básicos: la modelo y el espacio; y los incorporo al costo de la actividad.

Y justamente porque sé que tengo costos, también sé que tengo que cobrar.

Como no tengo un sueldo fijo que financie mis proyectos, no puedo esconder esa realidad debajo de la alfombra. Si quiero que la actividad exista, debo asumir todos sus costos, incluido el mío.

Hay además una cuestión de coherencia.

Desde hace años defiendo la profesionalización del modelo vivo.

Reclamo mejores condiciones de trabajo, reclamo reconocimiento institucional. Reclamo que los modelos sean considerados trabajadores y no simples accesorios de una clase de dibujo.

Sería bastante incoherente sostener ese discurso y, al mismo tiempo, esperar que una modelo trabajara gratis para mis actividades.

Existe además un componente casi religioso en todo esto.

Seguimos quemando incienso delante de los ídolos que murieron en la pobreza, como si la incapacidad para cobrar hubiera santificado su obra.

Como si la precariedad fuera una prueba de autenticidad.Pero la incapacidad para cobrar y pagar no convierte a nadie en mejor artista.

A veces simplemente revela que nunca aprendió a reconocer el valor económico de aquello que hace.

Y quien no reconoce el valor de su propio trabajo difícilmente reconozca el de los demás.

Ahora bien: decir que hay que pagar el trabajo ajeno no significa que cualquier transacción económica dentro del circuito artístico sea legítima.

También existen formas de precarización en las que ocurre exactamente lo contrario y donde el artista termina pagando para poder trabajar.

Galerías virtuales que cobran por exhibir sin asumir un verdadero riesgo comercial. Revistas que cobran por publicar. Convocatorias casi fraudulentas.Y el clásico de los músicos: "pagar para tocar".

Que haya dinero de por medio no significa automáticamente que haya una relación justa.

No estoy hablando de pagar por pagar.

Estoy hablando de asumir los costos que legítimamente corresponden a un proyecto, en lugar de trasladarlos sistemáticamente a quien tiene menos poder de negociación.

Si un proyecto necesita el trabajo de otro creativo para existir, ese trabajo no debería convertirse automáticamente en el subsidio invisible del resto del proyecto.

Porque los artistas compran sus pinceles.Los fotógrafos compran sus cámaras.Los músicos compran sus instrumentos.Los espacios tienen costos.Los materiales tienen costos.

Por qué el trabajo humano debería ser la única variable que mágicamente puede desaparecer del presupuesto?

Hay que tener cuidado con las lógicas que reproducimos.

Cuando normalizamos que el trabajo creativo de otros sea gratuito, no estamos resolviendo un problema económico.

Estamos enseñando cuál creemos que es el verdadero valor del trabajo artístico.

Y después no debería sorprendernos que la sociedad aprenda exactamente la misma lección.

Si cobrar por tu trabajo te permite pagar a otros trabajadores, entonces cobrar puede ser una condición para construir una práctica artística más justa.


*Este contenido está disponible para licencia editorial (publicación en medios, adaptaciones o series temáticas).


Consultas: yanaborgia@outlook.com

Comentarios

Entradas populares de este blog

Lo que no te enseñan en los cursos "Para vivir del Arte "

  En los últimos años aparecieron cada vez más cursos para artistas que prometen enseñar cómo “vivir del arte”. También proliferan charlas, talleres y cuentas de redes sociales dedicadas al marketing artístico. Es evidente que se detectó una necesidad real: muchos artistas buscan herramientas para sostener su práctica más allá de la producción de obra. Durante mucho tiempo, la formación artística dejó de lado las dimensiones prácticas de la profesión y eso se terminó notando. Sin embargo, después de tomar varios de estos cursos, me encontré con una sensación persistente: se intentó llenar ese vacío, pero muchas veces el resultado se quedó corto. Casi todos insisten en los mismos temas: armar un buen portfolio, escribir un statement, aplicar a convocatorias, mejorar la presencia en redes sociales. No digo que eso no sea importante. Lo es. Pero no alcanza. También suele repetirse una frase bastante instalada: que los artistas no quieren “ensuciarse” con presupuestos, números o cuesti...

Investigación: El modelo vivo: una práctica central y olvidada en Rosario

   Ph: Enzo Kar   Desde hace años trabajo de manera directa con el modelo vivo en Rosario: como modelo, como organizadora y generando espacios donde esta práctica sigue activa.  En ese recorrido fui encontrando algo que se repite: es una actividad central en la formación artística, pero con muy poco registro, poca memoria organizada y, muchas veces, con sus protagonistas (especialmente los modelos) completamente invisibilizados. Por eso decidí iniciar una investigación y construir un archivo sobre el estudio de la figura humana con modelo vivo en la ciudad.  Durante décadas, artistas, estudiantes y docentes pasaron por talleres, clases e instituciones donde el cuerpo fue herramienta de estudio. Sin embargo, gran parte de esas experiencias no quedó documentada: los espacios cambiaron o desaparecieron, las dinámicas se transformaron y los nombres se fueron perdiendo.  Hay algo paradójico en esta práctica: es fundamental para la formación artística, pero rara ...

Las musas no hablan: la manipulación de la imagen de Simonetta Vespucci

 Cuando se menciona a Simonetta Vespucci en la historia del arte, casi siempre aparece envuelta en una narrativa romántica. Se la recuerda como “la mujer más bella de Florencia”, como inspiración de artistas y como encarnación de un ideal femenino que habría quedado inmortalizado en la pintura renacentista. Sin embargo, cuando se observa su historia desde una perspectiva contemporánea, surgen preguntas incómodas. ¿Hasta qué punto esa admiración fue simplemente admiración? ¿Y en qué momento esa fascinación colectiva pudo haber cruzado límites que hoy identificaríamos como formas de objetificación o apropiación de la imagen de una mujer? Simonetta vivió en una sociedad profundamente jerárquica, donde las mujeres tenían muy poco control sobre la manera en que eran representadas públicamente. Su fama se construyó en gran parte a partir de relatos masculinos: crónicas, poemas y celebraciones cortesanas que exaltaban su belleza. Pero prácticamente no contamos con registros de su propia v...